Caminando sobre hielo marino, no viene al caso tiempo y lugar.

Sí quiero mostrar que soy de empujar para adelante y perseverar.

Santiago G. de la Vega

Santiago G. de la Vega
Santiago G. de la Vega

Me defino como biólogo, ávido de Naturaleza.

Casi siempre trato de tomar el camino que me resulte más apasionante, el de mejores “paisajes”. Suele no ser el más corto, o el más obvio, ni el más fácil. Lo sigo haciendo en cosas tan simples como en el caminar hacia algún lugar.

Hace años trabajo en turismo de expedición como guía-conferencista explorando la zona de la Península Antártica, Islas Malvinas y Georgias del Sur. Sumo más de un centenar de estos viajes, cada uno diferente y especial. En ocasiones he trabajado también en el Ártico, en el archipiélago de Svalbard.

Empiezo ahora a contar desde mucho tiempo atrás. Fui al porteño Colegio del Salvador y al terminar elegí la Escuela Naval Militar, un modo de acercarme al mar, aunque después de tres años decidí cambiar. Empecé luego biología en la Universidad de Buenos Aires, y me gradué con orientación marina en la Universidad Nacional de Mar del Plata.

Muchas veces sí es clave estar en tiempo y lugar. Como aquel día que se me presentó y acepté la fantástica oportunidad de mi primer trabajo en biología: ¡Una campaña anual en la Antártida! Sume cuatro campañas con casi dos años y medio de vivencias inolvidables, en proyectos de ecología costera con el Instituto Antártico Argentino. En Base Esperanza y en ex Base Jubany, actual Carlini.

Biólogo Santiago G. de la Vega
Biólogo Santiago G. de la Vega

Iniciando mi campaña antártica anual.

Tras muy buenas dosis de frío, cambié de rumbo hacia Formosa, para incursionar en conservación y ecoturismo. Aunque el proyecto no prosperó por grandes inundaciones del río Paraguay.

Sí se me abrieron nuevas oportunidades para trabajar recorriendo el país y nuestro trasandino vecino. Fueron años como tour-líder de grupos de trekking, historia natural y observación de aves por selvas, bosques, montañas, pampas, costas y estepas.

En aquellos tiempos empecé a escribir notas de divulgación y colaborar con publicaciones de turismo de la Argentina, sumando viajes por nuevos lugares.

Realmente me gusta estudiar, cuando me gusta lo que estudio. Entre 1999 y 2007 escribí con mucho estudio y dedicación mis ocho libros, cortos y concisos. Creo que es clave buscar interactuar, mejor aún con quienes aportan algo especial o con quienes saben más. Estoy muy agradecido con Gustavo R. Carrizo, quien siempre me acompañó con su didáctico arte naturalista desde la primera a la última publicación, con los biólogos y naturalistas que brindaron su valiosa colaboración, y con las instituciones que apoyaron. Conectar tramas de la vida silvestre para atrapar la curiosidad es el objetivo de la serie “Las Leyes…”, y hay un título sobre las especies invasoras en la Patagonia.

Bajo edición propia y con el nombre de Contacto Silvestre ediciones, imprimí un total de 75.500 ejemplares. Como alguien que ha escrito sin ser del oficio de escritor, les estoy muy agradecido a cada uno de quienes me han enviado su sincera y estimulante opinión.

Desde hace tiempo que se me agotaron los libros para distribuir. En muchas partes los siguen usando y recomendando, a más de 25 años de la primera edición.

Las tramas que dominan incluyen conceptos ecológicos y evolutivos que siguen dando que hablar, si bien sin duda hay temas a actualizar y ampliar.

Ofrezco ahora los libros gratis en formato digital, quiero que sus contenidos se difundan cada vez más. El siguiente proyecto es actualizar y editar Patagonia Las Leyes del Bosque, será su sexta edición.

Para cerrar con la idea de elegir camino al andar, una de las cosas que más me gusta es caminar por el bosque con Paula, mi compañera de viaje -también bióloga-, junto a nuestros dos hijos -varón y mujer-, o hacerlo con mis cuatro hermanos por el campo familiar que nos vio crecer.

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